Casa della GIL
DE LA FUNCIÓN
Luigi Moretti
1933 / 1937
Proyecto Realizado
41.88485 ; 12.47217








La Casa della GIL en el barrio romano de Trastevere —también conocida como Ex-GIL— constituye una de las obras más notables de la primera etapa del arquitecto Luigi Moretti, construida entre 1933 y 1937 para la Gioventù Italiana del Littorio (GIL), la organización juvenil del régimen fascista. En este edificio, concebido como un complejo destinado a la formación física, moral y cultural de la juventud, destaca de manera singular la escalera helicoidal, elemento que se ha convertido en un ícono del racionalismo italiano y en una de las piezas más estudiadas de la arquitectura moderna europea.
Desde el punto de vista formal, la escalera se inscribe en un amplio vacío vertical que ocupa una posición estratégica cerca de una fachada acristalada, por la que penetra la luz natural. Su traza helicoidal, de movimiento continuo y envolvente, se despliega como un gesto escultórico que conecta los diferentes niveles del edificio, al tiempo que organiza la circulación y las vistas interiores. A pesar de su función utilitaria, Moretti la concibe como un elemento plástico autónomo, cuya presencia define la identidad espacial del conjunto. Su superficie blanca y lisa, la pureza de sus líneas y la ligereza aparente de la barandilla metálica componen una figura que parece flotar dentro del vacío, produciendo un fuerte contraste con la geometría rectilínea y racional de los volúmenes adyacentes.
La experiencia espacial generada por la escalera trasciende la funcionalidad. Al ascender o descender, el usuario percibe un ritmo de luces y sombras que se intensifica gracias a la gran ventana que acompaña el recorrido. Este efecto lumínico refuerza la sensación de movimiento y de ascensión continua, mientras la estructura curva se convierte en una suerte de “columna de aire”, un eje dinámico que organiza el interior del edificio. Moretti demuestra aquí su interés por la secuencia cinematográfica del espacio, una preocupación que se mantendrá constante en su obra posterior, y que lo distancia de la ortodoxia racionalista de sus contemporáneos.
En términos constructivos, la escalera se caracteriza por la combinación de sobriedad y precisión técnica. Está ejecutada en hormigón armado, recubierta por un enlucido blanco que potencia su continuidad visual y acompañada por pasamanos metálicos de diseño sencillo. La solidez estructural contrasta con la sensación de ligereza visual, un equilibrio que Moretti logra gracias a la tensión entre masa y vacío. Durante los trabajos de restauración realizados a comienzos del siglo XXI, se conservaron estos rasgos esenciales, recuperando el valor escultórico del conjunto y reafirmando su papel como pieza central de la composición arquitectónica.
La dimensión simbólica de la escalera es también relevante. En el contexto de la Italia fascista, la arquitectura debía transmitir orden, modernidad y disciplina. La Casa della GIL, concebida como un edificio de educación física y moral, representaba la “máquina” que formaba al nuevo ciudadano. En este marco, la escalera helicoidal puede interpretarse como una metáfora del progreso y de la ascensión, tanto física como espiritual, de la juventud. Sin embargo, Moretti va más allá del discurso político: su tratamiento plástico introduce una sensibilidad artística que desborda la rigidez del racionalismo oficial. El dinamismo, la tensión y el juego de perspectivas convierten a la escalera en una obra de arte total, un espacio donde se funden la función, la forma y la emoción.
La crítica contemporánea ha reconocido en esta obra un momento clave de la arquitectura italiana del siglo XX. La escalera de la Ex-GIL ha sido reproducida en innumerables estudios, exposiciones y recorridos arquitectónicos por Roma, y es considerada un ejemplo temprano de la poética espacial de Moretti, quien más adelante desarrollaría su interés por las formas orgánicas, las curvas y las estructuras dinámicas en obras como la Palazzina Il Girasole o el Stadio del Nuoto en el Foro Itálico. En todas ellas, el espacio deja de ser una mera envolvente funcional para convertirse en un organismo vivo, cambiante y perceptualmente activo.
En síntesis, la escalera helicoidal del edificio Ex-GIL en Trastevere no es sólo un medio de comunicación vertical, sino un verdadero nodo generador de sentido arquitectónico. A través de ella, Moretti transforma un elemento cotidiano en una experiencia estética y simbólica de primer orden. Su capacidad para articular luz, movimiento y materia revela una comprensión profunda de la arquitectura como arte del espacio, anticipando preocupaciones que serían centrales en el pensamiento arquitectónico de la segunda mitad del siglo XX. Por ello, esta escalera sigue siendo, hasta hoy, un testimonio excepcional de cómo la modernidad italiana logró unir la precisión técnica del racionalismo con la intensidad emocional de la forma.